Cuando me
preguntan sobre mi vida,
Confieso que
soy un asesino desarmado,
Un profeta
mudo al costado de la especie
-No
marginado, ni más arriba, tampoco menos,
Sino a un
costado-.
Cuando me
preguntan sobre mi pensamiento,
Digo que no
lo tengo o que lo olvidé,
-soy como la roca sin la montaña-.
Un adivino
–feliz como una casa con muchas ventanas-
Multiplicado
por el mundo virtual y el mundo físico,
Digo -soy
muchos.
Cuando me
dan consejos sobre lo saludable,
Oigo y
espero como un mendigo
-porque
pensar muta la enfermedad-, y me vuelvo ajeno al salario conciente,
Ocupado por
dispersarme en el circuito del tiempo,
Acariciando
las órbitas del delirio pleno,
Esperando.
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