Tuesday, September 23, 2014

Un delirio memorable (XXI)

Ahora que me acuerdo, fue así:

Hecho de fiebre, atravesé ciudades hermafroditas
Donde las mujeres y los hombres restauraban 
Con paciencia los cuerpos vagabundos,
Y los saneaban en las fuentes,
con un manto de fuego, el que no cesa.

Una noche de invierno, bebiendo la sopa de la eternidad,
 gané mi virginidad y fui otro yo en mí mismo,
Porque olvidé cómo responder sobre el misterio de las cosas.

De silencio me armé y salí hacia campo abierto
  a traficar imágenes junto a las constelaciones.

Fue entonces cuando indagué la pulpa del mestizaje,
Cuando probé la sangre metafísica derramada en Tebas
 -es que esa mañana soborné a la esfinge
Cerca de una Wasserfall contaminada.-

Pies desarmados, peregriné la jornada intuitiva,
Saludé a las moléculas del fruto y a las sombras de la adivinación,
En un árbol vi la doble cifra de mi vida,
Y grité, siendo montaña, la genealogía de mi conciencia.

Cuando la purificación se había ya extinguido
Troqué el umbral de hueso por el marfil brillante
Y así fue que entré en Coroico, urbe flotante,
Cual símbolo, por material de sueño ungido.

Ahora miro con estos ojos destruidos
Donde la sal del delirio antes tuvo morada
Y ya no puedo urdir -no queda nada-
El camino que me arrastró al divino Omphalos;

Escucho, a veces, con mineral resignación,

La crónica de mi negligencia.

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