Canto a la
imaginación,
Al delirio
que es fruto del método,
Canto a la
alucinación teórica,
A la
genealogía de tus virtudes fantasmas,
Canto al
desenfoque de nuestras servidumbres,
A la
historia de los sucesos que no estarían ocurriendo,
Al relato
de lo que desaparece y de lo que está emergiendo,
Canto al
destino sudamericano vislumbrado entre el mundo virtual y el mundo físico,
A la
mitología oculta entre las montañas de Coroico y la Puna de Atacama,
Canto al
hilo invisible que une nuestras capitales metálicas con nuestros pueblos de
barro elemental
A los
misterios que revelan el San Pedro y la Ayahuasca,
A los altos
cómplices de la jornada solar,
y a los
vagabundos kármicos que atraviesan el continente
Con carga
más pesada que invisible Quimera
Canto a la
inmigración táctica
A la
desobediencia civil y al deseo replicado en el Samsara,
Canto al
trasvestismo y a la hípercopulación,
También a
toda la intuición aymara,
Canto de
hoy al buitre que cada seiscientos años bebe la cerveza de los muertos,
Al
magistrado que compone carreteras auríficas,
Al poeta
sideral, al que se inmola,
Al que
abandona los premios comunes y parte para olvidar la tradición
Que es
nuestra democracia.
Canto al
silencio en siete idiomas, a las señas que comprenden los kazúes,
Canto al
nudismo y a la industria textil –¡imbécil!-
Canto a la
luna cuyo nombre pacta el sueño bruto,
A la
pesadilla que del otro lado de la brújula llaman yegua de la noche.
Canto al
viaje argonáutico de nuestra época,
A la
marihuana que incendia la cara de los pibes,
A los
nuevos gauchos y su “americano”, que de mano en mano
Forja
ridículas y tántricas mitologías,
Canto
también a los alcoholes que diluyen la conciencia suburbana,
A esos
progenitores cómplices de los espejos de agua,
Y a los orgasmos
que trafican data del futuro.
Canto a la
exploración del lenguaje, como cifra de comunión al símbolo,
A las
gráficas que estallan una idea para dejarnos en la boca del cañón,
Canto para
hacernos conversos como Pablo fulminado por el rayo
Digo que canto
para olvidarnos de los dioses,
Para
entretenerme en esta noche en la que siento a mis cuatro caras confabuladas
ante un crepúsculo de piedra,
Canto a los
fantasistas de la transmigración de casa a casa, de cuerpo a cuerpo,
Canto para
dar sustento a nuestro imaginario colectivo,
Para
recordar que somos niños viejos modificados por lo tóxico y lo orgánico,
Para que
aprendamos que las jerarquías son el origen de toda humillación,
Y la
competencia una consecuencia del miedo de la especie,
Canto por
la humanidad que se me escapa, por la que ahora estoy recuperando,
Ahora busco
el canto de lo subnormal, de lo ultraterreno,
(De los
instintos hacia mí hay toda una caravana, amigos, la conciencia.)
Con la
teoría canto al mito que es el sueño sin sujeto, al sueño que es el mito
personalizado.
Canto al
teólogo vuelto mendigo, al sociólogo transformado en paria del Universo,
Al borracho
oculto tras el manto del delirio,