Monday, September 22, 2014

III

Canto a la imaginación,
Al delirio que es fruto del método,
Canto a la alucinación teórica,
A la genealogía de tus virtudes fantasmas,

Canto al desenfoque de nuestras servidumbres,
A la historia de los sucesos que no estarían ocurriendo,
Al relato de lo que desaparece y de lo que está emergiendo,

Canto al destino sudamericano vislumbrado entre el mundo virtual y el mundo físico,
A la mitología oculta entre las montañas de Coroico y la Puna de Atacama,
Canto al hilo invisible que une nuestras capitales metálicas con nuestros pueblos de barro elemental
A los misterios que revelan el San Pedro y la Ayahuasca,
A los altos cómplices de la jornada solar,
y a los vagabundos kármicos que atraviesan el continente
Con carga más pesada que invisible Quimera

Canto a la inmigración táctica
A la desobediencia civil y al deseo replicado en el Samsara,
Canto al trasvestismo y a la hípercopulación,
También a toda la intuición aymara,

Canto de hoy al buitre que cada seiscientos años bebe la cerveza de los muertos,
Al magistrado que compone carreteras auríficas,
Al poeta sideral, al que se inmola,
Al que abandona los premios comunes y parte para olvidar la tradición
Que es nuestra democracia.
Canto al silencio en siete idiomas, a las señas que comprenden los kazúes,
Canto al nudismo y a la industria textil –¡imbécil!-
Canto a la luna cuyo nombre pacta el sueño bruto,
A la pesadilla que del otro lado de la brújula llaman yegua de la noche.

Canto al viaje argonáutico de nuestra época,

A la marihuana que incendia la cara de los pibes,
A los nuevos gauchos y su “americano”, que de mano en mano
Forja ridículas y tántricas mitologías,
Canto también a los alcoholes que diluyen la conciencia suburbana,
A esos progenitores cómplices de los espejos de agua,
Y a los orgasmos que trafican data del futuro.

Canto a la exploración del lenguaje, como cifra de comunión al símbolo,
A las gráficas que estallan una idea para dejarnos en la boca del cañón,
Canto para hacernos conversos como Pablo fulminado por el rayo
Digo que canto para olvidarnos de los dioses,
Para entretenerme en esta noche en la que siento a mis cuatro caras confabuladas ante un crepúsculo de piedra,

Canto a los fantasistas de la transmigración de casa a casa, de cuerpo a cuerpo,

Canto para dar sustento a nuestro imaginario colectivo,
Para recordar que somos niños viejos modificados por lo tóxico y lo orgánico,
Para que aprendamos que las jerarquías son el origen de toda humillación,
Y la competencia una consecuencia del miedo de la especie,
Canto por la humanidad que se me escapa, por la que ahora estoy recuperando,

Ahora busco el canto de lo subnormal, de lo ultraterreno,
(De los instintos hacia mí hay toda una caravana, amigos, la conciencia.)

Con la teoría canto al mito que es el sueño sin sujeto, al sueño que es el mito personalizado.
Canto al teólogo vuelto mendigo, al sociólogo transformado en paria del Universo,
Al borracho oculto tras el manto del delirio,

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